jueves, 29 de septiembre de 2011

Reflexión #3: Los fantasmas de la antropología

“Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

-Han tomado esta parte -dijo Irene.” (Cortázar 2004:19)

Casa Tomada es un cuento de Julio Cortázar que cuenta la historia de dos hermanos que debido a que ninguno se había casado, vivían juntos en su “simple y silencioso matrimonio de hermanos” en la casa que su familia les había dejado. Una noche, empiezan a escuchar ruidos extraños de la parte de atrás de la casa y poco a poco estos ruidos los van acorralando en ciertas áreas de la casa hasta que logran sacarlos completamente. El autor no expresa en el cuento qué eran esos ruidos, ni porqué eran tan peligrosos para que los hermanos decidieran cerrar esas partes que habían sido tomadas por el ruido y luego abandonar completamente la casa.

La discusión que tuvimos en clase esta semana me dejó pensando mucho en cuanto a que si lo que estamos viendo en otras culturas o sus creencias son o no reales y si necesitamos o no hacernos estos cuestionamientos durante la investigación. Es decir, si alguien nos dice que cree en los espíritus y que los espíritus le hablan, ¿le creemos? ¿lo tomamos como algo cierto? ¿es factible y comprobable? ¿cómo saber que es real? ¿es necesario que yo compruebe que son reales para los fines de la investigación antropológica por ejemplo?

En la biomedicina, si algo se puede ver por el microscopio o por medio de exámenes de la sangre, de la orina, entre otros y además se presenta con algún síntoma visible y que ya ha sido reconocido anteriormente por algún otro investigador como el síntoma específico de una enfermedad (que por cierto lleva su nombre la mayoría de las veces), entonces, sólo entonces, esa enfermedad es real. Esa persona está enferma, su cuerpo no está bien. Sin embargo, no todo es biomedicina. Existe también ese sistema denominado por lo occidental como la medicina alternativa o tradicional la cual no confía tanto en lo que se puede ver y manifestar, sino en lo que no puede ver, en lo que la persona siente. Por ejemplo, hay enfermedades del alma, o por parte de espíritus malignos.

Esto me recordó mucho a la lectura que hicimos la primera semana de clases sobre los supuestos poseídos de San Marcos La Laguna. Me parece muy interesante y a la vez inquietante la historia de uno de los muchachos que fue poseído:

“Cuando Carlos ya estaba a punto de lanzarse un vecino lo descubrió. Trató de sostenerlo con fuerza, pero Carlos no hacía más que lanzar puntapiés y puñetazos contra el que, en su mente, era un perro rabioso. Poco a poco se fueron acercando más pobladores y entre varios pudieron reducirlo. Le ataron de pies y manos y lo llevaron de vuelta a casa. Cuando recuperó la conciencia sus recuerdos eran difusos, sus brazos cansados y el cuerpo dolorido, como después de un intenso día en el gimnasio. “Se me metieron unos hombres de negro” (…)”. (Sandoval 2009)

¿Será que estamos libres de estos fuerzas sobrenaturales e inexplicables solamente porque no creemos en ellas? ¿Cómo antropólog@ qué hacer para mantener la objetividad en la investigación ante este tipo de fenómenos? ¿es necesario creer para entender? ¿cómo explicar, cómo tratar de teorizar algo que no se entiende, algo que no se ha vivido, que no es parte de nuestro sistema de creencias, que va más allá de lo que entendemos como racional y tangible? ¿es necesario mantener esa objetividad o simplemente para llegar a entender debemos creer? Son preguntas que me quedan para reflexionar por mucho tiempo, supongo que todavía después de este semestre.

La imagen que escogí para esta reflexión y para acompañar a ambas citas, es la imagen de una mujer, un presunto fantasma. Está sentada encima de una tumba, en el cementerio de Bacherlor’s Grove en Midlothian, Illinois, cementerio reconocido como uno de los sitios en donde se ha detectado mucha actividad paranormal. La fotografía, capturada por Jude A. Huff-Felz, se volvió muy famosa luego de que fue presentada en el Chicago Sun-Times.

Creo que la imagen representa uno de los misterios que han estado presentes en todas los pueblos a lo largo del tiempo. Los fantasmas son seres que, para mí, son muy simples a comparación de monstruos y alienígenas come humanos, es decir no tienen nada de elaborado y extraño de lo humano. Son personas muertas que regresan en formas de espíritus. Unos dicen que es el alma de una persona que no sabe a dónde ir, que se quedó atrapada en una grieta en el espacio y en el tiempo y que deambula por los lugares asociados a la muerte, lugares tenebrosos, a los que seguramente no iríamos de noche si lo podemos evitar. Los fantasmas son iguales a esos ruidos inexplicables en la historia de Cortázar, son ruidos que no sabemos qué son, que no todos creemos en ellos y que sin embargo tienen la capacidad de sacarnos de nuestro estado habitual, de nuestra naturalidad. Son iguales que los posesos de San Marcos La Laguna, son humanos que actúan de forma inhabitual, que son parte del mundo natural y que a la vez ya no lo son, que de alguna forma se han convertido en portales para el más allá.

Para finalizar esta reflexión creo que es necesario que pensemos en que si estas creencias van a dejar de existir solamente porque nosotros no creamos en ellas o porque la ciencia no crea en ellas. Por ejemplo los fantasmas no van a dejar de existir porque nosotros no podamos comprobar lo contrario, o para ir más allá, la creencia en seres sobrenaturales no va a dejar de existir solamente porque no creamos en ella. Como investigadores sociales, ¿es nuestro deber decidir qué es lo real de estas creencias y qué no? ¿debemos juzgar si son o no reales o solamente nos compete investigar las creencias y no si realmente existen, si se pueden comprobar? Sin embargo, mientras tanto, ¿quién se atreve a pasar la noche en el cementerio para comprobar o desmentir si existen?


Fuentes consultadas

Cortázar, Julio. (2004) Bestiario. Punto de Lectura: España.

Sandoval, Marta (2009). “Los poseídos de San Marcos La Laguna”. El Periódico, 2 de agosto de 2009.

2 comentarios:

  1. Las preguntas realizadas por Alejandra en esta reflexión son una constante si se hace un análisis crítico del trabajo antropológico. Debemos de estar consientes que nosotros siempre seremos el Kaxlan o “extranjero” de las comunidades donde trabajemos. Si bien se puede trabajar para minimizar este sesgo, y en base a años de experiencia dados por los trabajos de campo podemos llegar a comprender en gran medida la cultura de los grupos indígenas, pero bien JAMAS seremos ellos. Básicamente esta dificultad de convertirnos en alguien más, si es que esto es posible, es que primero debemos de abandonar quienes somos, si bien esto también es posible. En otras palabras nosotros siempre tendremos ese bagaje cultural, que aceptamos o no, inculcado en nosotros por la sociedad donde nacimos y crecimos. Ahora bien, como anteriormente lo mencioné existe una posibilidad de llegar a comprender en gran medida la forma en cómo otros entienden el mundo siempre y cuando estemos dispuestos a involucrarnos en actividades y vivencias que normalmente son ajenas a nosotros, pero estas vivencias son las que valen la pena vivir.
    Estoy de acuerdo con todas las preguntas que hace Alejandra en su reflexión, y posiblemente tengo respuestas, o creo tenerlas por lo menos, a algunas de ellas. En primer lugar debemos de estar consientes que todas las personas en el mundo tenemos diferentes formas de ver y entender el mundo. En segundo lugar, respecto a preguntarnos si estos fenómenos no observables y cuantificables desde la forma científica occidental existen o no, creo que la respuesta es simple. Si existen, si bien la ciencia occidental no los puede observar el simplemente que sean reconocidos por lo menos por una persona los hace reales, al menos para esa persona. Es similar a cuestionamientos que existen sobre la religión ¿dios existe o no? La respuesta es sí y no a la vez. Existe para aquel que cree en él pero no existe para quién no cree en él. Posiblemente esa aseveración resulte ilógica en la filosofía occidental, pero ¿Quién dijo que el pensamiento occidental es lógico o el verdadero? En cuanto a otras preguntas como si ¿Es necesario creer para comprender? Considero que no es totalmente necesario, si se tiene una apertura de mente para aceptar lo ajeno a nosotros. Sin embargo podemos encontrarnos con el fenómeno de que terminemos creyendo en lo que estamos tratando de entender. Pero nuevamente no hay que tener miedo a esta posibilidad.

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  2. La reflexión de Alejandra me parece muy importante no sólo para realizar investigaciones antropológicas en cuanto a temas de medicina, sino que a la antropología en general. Las interrogantes planteadas en la reflexión son interesantes, ya que hacen referencia a la manera en que se comprende la realidad y la importancia que dichas percepciones tienen no sólo para las personas que creen o viven esas creencias, sino que la manera en que aquellos que se encuentran fuera del sistema cultural deban darle o no peso a todos esos aspectos que muchas veces son comprendidos de manera limitada. Alejandra levanta también otro punto clave el cual es el deber del investigador social a la hora de realizar su trabajo; la interrogante se gesta dentro de el tema de lo real e irreal y si tal distinción debe ser hecha por el investigador social y aún, si dicha distinción es válida y útil a la hora de presentar resultados y que se tomen medidas o se busquen desarrollar sistemas de estado interculturales. Al final, Alejandra hace bien en presentar un ejemplo especifico tal como lo son los fantasmas y ello permite hacer una valoración más generalizada de las implicaciones de definir lo real e irreal.
    Me parece que este debate nos remite a encontrarnos con el relativismo mismo del conocimiento y como todo ello deriva de una premisa incomprobable de la validez de la información recolectada empíricamente. Frente a tal bloque, al cual la epistemología inequívocamente choca si se busca ser completamente neutral, nos percatamos de cómo se pueden desglosar dos posturas, las cuales pueden ser complementarias u opuestas: por un lado, podemos deducir que al no tener bases certeras de nuestro conocimiento, es necesario y válido abrirnos a otros sistemas culturales con conocimientos propios y distintos al nuestro; por otro lado, también podríamos llegar a una conclusión en la que concluyamos que el relativismo de todo conocimiento sea base para imponer nuestro conocimiento, ya que al ser todos igualmente “válidos o inválidos”, colocar sobre otros mi sistema cultural se puede lograr debido a que tengo el poder económico y político para lograrlo y por ello debo sacarle provecho. Obviamente ambas posturas sufren de simplificación, ya que no estoy tomando en cuenta otras categorías tales como la moralidad, ética y creencias personales y/o colectivas de aquellos que realicen la valoración anterior. Me parece que la conclusión de estas reflexiones apunta a que cada uno debe construir su propia conclusión. En mi opinión, el tema de vuelve aún más complejo cuando algunas costumbres o valores pongan en peligro la vida o salud integral de un ser humano. Aún en dicho caso, se puede argumentar que las definiciones de bienestar varían y, en caso de ritos que deliberadamente hacen daño físico a los seres humanos, que dichas costumbres cumplen una función para brindar bienestar a aquellos que se someten a dichos ritos. En un caso extremo, tal como los jihadistas de Al-Qaeda con bases de un islamismo fundamentalista, se puede argumentar que sus costumbres brindan felicidad ya que ellos creen en ir al cielo al realizar sus actos de terrorismo. Al final, creo que todos trazamos una línea, no por que influya en nuestros resultados, sino porque la separación misma de realidad y ficción nos ayuda a comprender la realidad. Habremos unos que trazamos la línea en costumbres que afecten el desarrollo de una personal, tales como el papel de la Iglesia en la educación sexual, y otros que la trazan al llegar a casos extremos; es más, no me cierro a la posibilidad de que hayan algunos que no tracen una línea en lo absoluto.


    Eduardo Rosales.

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