jueves, 29 de septiembre de 2011

Para una antropología médica en Guatemala

La discusión que tuvimos el martes durante clase, me despertó una serie de dudas y reflexiones. Primero, abordamos el tema de las definiciones de cultura y la forma en que éstas podían afectar (o no) las investigaciones desde la antropología. Posteriormente, discutimos sobre la potestad del científico social de posicionarse con respecto a la veracidad de las prácticas que estudiamos. La presente reflexión es una compilación de las principales conclusiones a las que llegué personalmente… y cómo considero que debería construirse una antropología médica en Guatemala a partir de ellas.

Para la primera pregunta, me fue fácil posicionarme. Las definiciones de cultura que ha habido a lo largo de la historia de la antropología como disciplina académica, han generado una serie de preguntas y temas de interés. Hoy, podemos agrupar las contribuciones antropológicas según escuelas, las cuales tienen en común una forma de concebir la cultura (estática o dinámica, coherente o fragmentada, etc.), una serie de metodologías preferidas y temas que los antropólogos decidieron abordar en un momento histórico específico.

Hoy en día, las variaciones de las definiciones son tantas… que cultura es todo (y cuando algo es todo, no es nada). Es decir, cualquier acción que realiza una persona en un contexto determinado, puede llamarse acción cultural. La amplitud de la definición, nos ha llevado a los antropólogos a una gran libertad: podemos elegir cualquier tema que se nos antoje estudiar, porque todo es cultura. Sin embargo, la amplitud del término también tiene desventajas. La siguiente cita del historiador de la teoría antropológica, Adam Kuper, explica estas ventajas así:

…cuanto más se considera el mejor trabajo moderno de los antropólogos en torno a la cultura, más aconsejable parece el evitar semejante término hiperreferencial y hablar con mayor precisión (…). Esto no significa que alguna forma de explicación cultural no pueda ser útil por sí sola, pero sí supone que la apelación a la cultura únicamente puede ofrecer una explicación parcial de por qué la gente piensa y actúa como lo hace, o de cuáles son las causas que los llevan a alterar sus maneras o costumbres (Kuper, 2001: 12-13).

Kuper invita a que los antropólogos nos dejemos de preocupar por tratar de abarcar todo fenómeno social a través de una abstracción conceptual. En realidad, no necesitamos el concepto de cultura… podemos estudiar los mismos temas, sin catalogarlos como “culturales”. La postura de Kuper puede llegar a ser objeto de amplias discusiones que no conciernen a esta reflexión. La contribución de su postura, más bien, es la invitación a ver más allá del término cultura. Estoy de acuerdo con él en que la construcción de una comunidad académica no debe depender de un concepto teórico. Lo ideal para construir academia es que parta del contexto en el que trabaja.

Entonces, para la construcción de una antropología médica en Guatemala, ¿de qué contexto debemos partir? Los temas que aborda la colección El sistema de salud en Guatemala ¿hacia dónde vamos?, permiten ver claramente que el principal reto a vencer es la desigualdad en el acceso a la salud. Sumado a esto, muchas de las personas en Guatemala son excluidas del sistema de salud por su pertenencia a una cultura. La siguiente cita es clara en este aspecto.

En el momento actual el sistema oficial de atención de salud limita el reconocimiento de la medicina indígena maya, está orientado por una visión de subordinación y utilización de algunos de los componentes (Eder, 2002: 87).

En otras palabras, la discriminación está todavía presente en el sistema oficial de atención a la salud. La pregunta para los científicos sociales es: ¿está la discriminación presente también en la forma que hacemos investigación sobre la salud? Esta pregunta aborda elementos teóricos (como el antes mencionado concepto de cultura), metodológicos y actitudinales. Es en este punto en el que entra la segunda pregunta de discusión. ¿Son reales las explicaciones que las personas le dan a un fenómeno sobre la salud?

La anterior es una pregunta difícil y genera una serie de discusiones. Lo primero que se me ocurre pensar es, ¿quién soy yo para decidir si algo es verdadero o falso? No tengo autoridad alguna para hacerlo. En todo caso, si otorgo veracidad o falsedad a algo, lo hago sólo para mí misma. Entonces, suponiendo que éste es el caso, ¿con respecto a qué otorgo esta veracidad?

Para evitar seguir reproduciendo la discriminación en las percepciones sobre salud, la mejor actitud que podemos tomar es validar todas las explicaciones sobre la realidad en el mismo plano. Es decir, es necesario dejar de dar predominancia a una explicación más que otra sólo por el hecho de provenir de una determinada cultura. Sin embargo, creer en una explicación sobre la realidad no es una decisión política dirigida al cambio social. Creer en una explicación sobre la realidad es una convicción personal. Es decir, no podemos predeterminarnos a creer en todas las explicaciones y métodos sobre la salud de otros grupos… no sabemos con cuáles nos identificaremos y con cuáles no. Lo único que podemos hacer es procurar mantener una actitud de apertura y escucha: tratar de entender y aprender de lo que las personas nos comparten. Nadie cree en lo que no conoce… entonces, hay que conocer las prácticas de la salud para ver si llegamos a apropiarnos de ellas o no.

Por el momento, entonces, lo único claro es cuál es la actitud a no tomar desde la antropología médica en Guatemala. Esta actitud es considerar que las explicaciones son falsas, y creer que podemos entenderlas como observadores externos no involucrados. Esta actitud está ejemplificada en la siguiente fotografía, en la que dos de las señoras no participan de la ceremonia: están ahí pero son externas a ella. La juzgan desde fuera, no la entienden y –además– son intrusivas de un espacio sagrado.


En conclusión, considero que vale la pena que los científicos sociales nos involucremos en la investigación de temas de salud. Sin embargo, para hacerlo, debemos partir de nuestro contexto más que de una abstracción teórica como lo es el concepto de cultura. Dado que en nuestro país hace falta (1) trabajar para mejorar el acceso de muchas personas a tratamientos adecuados para las enfermedades, y (2) aprender de las prácticas de salud específicas de diversos grupos; lo mejor es que los científicos sociales tengamos una actitud de escucha y aprendizaje.

Bibliografía

Eder, K y García, M. (2002) Modelo de la medicina indígena Maya en Guatemala. Guatemala: Asociación de Servicios Comunitarios de la Salud.

Kuper, A. (2001) Cultura. La versión de los antropólogos. Barcelona: Paidós.

1 comentario:

  1. Creo que la reflexión de Silvia realmente profundiza en aspectos importantes que la Antropología Médica debiera tomar en cuenta. Una parte importante es la relación que tiene la antropología con la cultura. Este es un tema complejo y ella lo demuestra al mencionar las diferentes formas de concebir la cultura desde el punto de vista antropológico. Yo no ahondaré en este tema, por las mismas razones. Sin embargo, lo tocaré parcialmente al considerar los problemas que, según mi experiencia, tiene el Sistema Nacional de Salud en Guatemala. Para mi efectivamente el desconocimiento de la cultura local es una limitante al momento de poner a funcionar elementos del sistema de salud, como por ejemplo la vigilancia de enfermedades, la comunicación de riesgos, la capacitación en diversos temas de salud, etc. todos elementos importantes y en donde los factores culturales propios de grupos étnicos o regiones geográficas , son vitales. Sin embargo, por otro lado, pienso que nuestro sistema de salud padece de un mal ancestral, común a otros temas en Guatemala, y es el hecho que está enraizado dentro de un sistema racista, criollo y basado en la exclusión, en donde hay un profundo desinterés y hasta desprecio por lo que no tenga rasgos “occidentales”. Es un sistema que está basado en un modelo copiado, que a todas luces nunca ha satisfecho las necesidades de la mayoría. Es un sistema de salud caduco, obsoleto, atorado, enquistado, reflejo del subdesarrollo en que también otros componentes de la sociedad se han sumido.
    El otro punto que toca Silvia se relaciona con lo que yo considero una necesidad de basar las decisiones y acciones de salud en un conocimiento integral, en donde las personas encargadas de facilitar el conocimiento antropológico visiten a consciencia el mundo de la salud, también con una apertura mental para conocer desde su punto de vista las bondades y defectos de la biomedicina, de la misma manera en que pueden ahondar en otros enfoques del proceso salud-enfermedad-curación, incluyendo las prácticas indígenas ancestrales.
    Y a manera de ejemplo inédito para la reflexión, parece que existiera una antropología médica en contraposición con una inexistente medicina antropológica, cuando al final lo ideal probablemente sería buscar un punto medio, que demuestre la capacidad de los profesionales de ambas disciplinas científicas (antropología y medicina) de comprender las bondades y los defectos de los diversos enfoques (biomedico, etc.), pues hasta la fecha no hay enfoque perfecto e infalible que sea la panacea para la solución de los problemas de salud de la humanidad.
    En cuanto a la fotografía, creo que es imposible conocer a partir de ella las razones por las cuales las personas están en la ceremonia, es obvio que hay dos que no parecen estar en el contexto adecuado, pero no conozco sus pensamientos, no puedo saber si tienen una simple o enfermiza curiosidad, si auténticamente se están acercando para conocer un poco mas de la ceremonia o simplemente llegaron por error. Creo que para conocer algo a fondo siempre hay un primer acercamiento, y muchas veces ese acercamiento es a ciegas, por curiosidad, necesidad de información, etc. Creo que yo valoro mas el hecho que dos grupos culturales distintos se acerquen y compartan libremente sus creencias y rituales, siempre de manera respetuosa.

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