
Cabe la posibilidad de plantear las enfermedades como símbolos dentro de la sociedad. Esta es una forma para analizar lo que está pasando en otras culturas porque la conexión que hay entre ese símbolo (empirico observable y su interpretación) que representa la enfermedad y los individuos de un grupo tiene la capacidad de empeorar o mejorar al sujeto que “embodies” la enfermedad. Hay que recordar que un análisis nunca refleja la realidad.
Creo que en Guatemala, existe un ejemplo donde la enfermedad puede tratarse como un símbolo sobre el cual se organizan otros símbolos: el chornaj o también llamado locura. El chornaj es descrito en el trabajo de tesis del antropólogo Luis Velásquez y de igual forma en un trabajo en conjunto que él hizo con Elba Villatoro. Una comunidad tzutujil alrededor del Lago de Atitlán conocida como Santiago Atitlán es el espacio donde se desarrolla la dinámica del chornaj. El chornaj es descrito como: “La ausencia de “conciencia”, “pensamiento” y “raciocinio” en el individuo hace que éste se vea imposibilitado para desarrollarse como una persona ‘normal’.” (Villatoro y Velásquez 2009: 12). Ellos argumentan que el chornaj es entendido como una enfermedad que muestra comportamientos que están fuera del status quo y que afectan al sujeto en cuestión de forma física y las percepciones culturales que hay alrededor de él y sobre él.
Dos puntos importantes que hay mencionar: primero, que hay otros símbolos que se organizan del chornaj; por ejemplo, el turismo, el conflicto armado, la pobreza, la moral entre otras (Villatoro y Velásquez 2009:20) que son las sugeridas causas las cuales pueden dar ese efecto sobre alguien. Entonces por decir algo, cuando una persona está “embody” el chornaj – las personas alrededor de él y él (tal vez de forma inconsciente) le asignan un lugar al conflicto armado en función del chornaj. Segundo, que el chornaj está subsumido dentro de un proceso; es decir, acción social. Esto quiere decir que la persona que “embody” el chornaj está atravesando una fase liminal y las interpretaciones que hay de él también se encuentran en una etapa liminal. Sólo hasta que se encuentra la causa se le puede hacer el diagnostico y referir a una cura. Esto lo describen de forma detallada Villatoro y Velásquez en sus esquemas (2009: 20 – 40).
Este proceso hace referencia a la etnografía “La Selva de los Símbolos” de Victor Turner. Él menciona al respecto de los símbolos:
“…están implicados esencialmente en el proceso social…el símbolo ritual se convierte en un factor de la acción social, una fuerza positiva en un campo de actividad.” Tiene “…forma externa y características observables, 2) interpretaciones ofrecidas por los especialistas religiosos y por los simples fieles; 3) contextos significativos en gran parte elaborados por los antropólogos.” (1967: 21 y 22).
Turner en su etnografía explica que en la sociedad Ndembu hay un árbol que “embody” la fertilidad entre otras cosas. Argumenta que los miembros de la sociedad estructuran su vida y otros simbolos alrededor de éste árbol que da leche. Esto hace sentido en la caracterización que hace Turner del símbolo que aparece citado anteriormente – de forma consciente, menciona el rol del antropólogo en la creación de éste símbolo.
Desentrañar la dinámica específica sobre el chornaj como un símbolo de enfermedad requiere una estadía en campo como la que hizo Luis Velásquez. Sin embargo, como lo define Turner más la descripción cultural que hacen Villatoro y Velásquez destaca el alcance que tiene analizar las enfermedades de ésta forma. A través de Turner se puede estructura la sociedad tzutujil; por ejemplo, ver que dependiendo de la causa se posicionan ciertos actores como las Iglesias en caso de falta de morales; los turistas en caso de drogas; brujería en caso de que hay un vecino celoso, etc. En el caso de Turner, él menciona que debido a que los informantes están estructurando su realidad a través de estos símbolos, a un nivel cognitivo pasa esa estructuración y por lo tanto la interpretación de los psiquiatras y psicólogos no es adecuada porque no toman en cuenta la estructuración social a partir de la interpretación de los símbolos (Turner 1967: 39); sin embargo, en el trabajo de Velásquez y Villatoro hacen un llamado a la necesidad de hacer equipos transdisciplinarios (2009: 3 y 4).
Un peligro de éste análisis al cual pueden caer en el error los tecnócratas es tratar a las personas como símbolos y no a las personas como constructoras de estos – y en ocasiones como “embody” de los símbolos.
El dibujo tiene relación porque está representando gráficamente como los humanos se posicionan y realizan ciertas actividades alrededor de un símbolo. En el dibujo el símbolo es el sol y algunos juegan a la pelota, otros pasean y otros trabajan entre otras cosas. Así aunque el sol “existe de forma empírica y observable” (propiedad de un símbolo), los grupos organizan su tiempo (que también es simbólico) en otras actividades (que se pueden representar a través de símbolos).
Creo que una enfermedad sí puede ser tratada como un símbolo y su análisis como tal puede ser provechoso porque da cabida a describir los procesos de forma dinámica. La antropología médica es pues sencillamente otra forma de ver la medicina. La antropología simbólica es un quiebre para analizar la realidad que se desarrolla en distintas culturas y que reconoce parcialmente el rol del antropólogo en la conformación de esa realidad. Se me ocurre que la salud es una esfera simbólica que gira alrededor de…
Bibliografía:
Villatoro, Elba y Luis Velásquez (2009). Aproximación al entendimiento de los trastornos mentales en sociedade indígenas Mayas de Guatemala: el caso del cho’rnaj en la comunidad Tz’utujil de Santiago Atitlán, Sololá.
Turner, Victor. 1967. Forest of symbols: Aspects of Ndembu ritual. Ithaca, NY: Cornell University Press.
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