En esta reflexión trato el tema de la construcción de la realidad durante la enfermedad. Creo que el uso de metáforas para comprender los procesos de salud es normal y común, dado que la enfermedad es parte del proceso social, y éste se basa en la colección y difusión de símbolos construidos en lo que podemos llamar metáforas. Es común que usemos metáforas para intentar dar sentido a situaciones de nuestro entorno inmediato que nos parecen sorprendentes. Estas situaciones pueden estar relacionada a condiciones de salud imprevistas, como una enfermedad seria. Sin embargo, también pueden relacionarse con condiciones médicas más permanentes, como defectos físicos de nacimiento, aquellos causados por un accidente, o incluso la muerte.
Un bello uso de estas metáforas la plantea Carolyn Rouse cuando relata el caso de los Washington. Se predecía que su hija Jasperlynn habría de permanecer en un delicado estado vegetal y los médicos recomendaban que para evitar que esto ocurriera, lo más humano, lo más eficiente para el hospital también, sería que se le dejara morir. Los padres no quisieron aceptar esto, aseverando que si ella habría de ser un vegetal, pues ellos serían su jardín. Así lo describo Rouse:
“My favorite example of how they were able to reframe medicine’s object was their response to predictions that Jasperlynn would be a vegetable and therefore should be allowed to die. Her mother said, ‘‘Then we’ll be her garden.’’
Al posicionarse como un “jardín” para su hija, los padres representan varias cosas. Primero, una cierta crítica al sistema médico, que ve la condición de “vegetal” como algo negativo, inservible. Mediante la metáfora del jardín, los Washington espera recordar al personal de salud que un vegetal no sólo vive y es importante en sí mismo, sino que participa además de todo un ecosistema complejo, que es el jardín. La metáfora del jardín evoca sentimientos agradables, flores y aromas que distan mucho del ambiente sofocante del hospital. Ahí radica su poder simbólico, puesto que además de ser una comparación agradable, sirve también para valorizar el gran esfuerzo de los padres al intentar mantener a su hija con vida. De esta manera, una simple metáfora sirve como “proxy” para convencer tanto al personal de salud, como dar fuerzas a las personas afectadas.
La única manera en que podemos vivir una enfermedad es a través de metáforas que “traducen” la experiencia humana dura a dominios semánticos donde nos es más fácil asimilarla. De esta manera, es más sencillo y directo creer que tras la muerte uno se eleva al cielo a que desaparece completamente. En el caso del idioma español esto se expresa claramente, cuando vemos que “cielo” se refiere tanto al espacio sobre nuestras cabezas, como a una abstracción espiritual indefinida a donde nos dirigimos tras la muerte. Este no es el caso de otros idiomas, como el inglés, que tienen vocablos distintos para este significado: sky se refiere al espacio físico, mientras que heaven puede entenderse más como esta abstracción espiritual.
Los procesos de enfermedad se viven como experiencias simbólicas. La enfermedad no es más que un conjunto ordenado de símbolos, ocasionalmente acompañado de malestares físicos. Conocer que se padece de una enfermedad altera la forma en que nos percibimos, aún cuando esa enfermedad no se haya manifestado aún físicamente. El sabernos enfermos nos transporta a una dimensión simbólica liminal, con vínculos cortados al mundo de la salud. El mundo de la salud es aquel en el cual la gente no tiene padecimientos, una metáfora de la utopía del no-malestar. Franz Kafka describe, a mi parecer, este quiebre con el mundo de lo normal al inicio de su cuento “La Metamorfosis”, cuando el personaje despierta convertido en algo completamente ajeno a su misma realidad del día anterior:
“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.
«¿Qué me ha ocurrido?», pensó.”
Esta pregunta, ¿qué ha ocurrido?, es la que necesita una respuesta pronta para poder dar sentido a lo que nos ocurre. Esta respuesta, me parece, debe provenir del ámbito de lo simbólico, de lo metafórico, pues sólo de esta manera podemos aprehender estas situaciones. En mi caso personal, padecía anteriormente de muchas y graves enfermedades pulmonares, y tras agotar los recursos médicos disponibles, mi mejor remedio era aislarme en mi cuarto, lejos de contacto con el mundo exterior, por largos períodos de tiempo. De esta manera representaba, no sólo la soledad que sentía por mi condición médica (que me impedía interactuar con otros niños, por ejemplo, pues me cansaba muy rápido cuando eran juegos de actividad física), sino buscaba además la respuesta a mis padecimientos en el aislamiento, una cura que tendrá poco que ver con curas biomédicas.
En esta imagen, el pintor no pinta lo que ve, sino la metáfora que promete la imagen. Las cosas no son lo que son, sino lo que prometen ser. Propongo esta imagen para complementar el desarrollo de mi reflexión, pues me parece que el ser humano tiene momentos de no-racionalidad, y la enfermedad es uno de ellos. Cuando enfermamos, no estamos conscientes de la enfermedad como tal, como condición biológica. Al igual que el pintor de esta imagen, representamos dramas que tendrán poco que ver con nuestra condición real, pero que nos permiten vivir con ella.
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ResponderEliminarMe llamó mucho la atención la reflexión de Diego por el texto de Kafka pues me parece que es una historia fantástica. Transporta a un mundo abstracto en donde una persona, despierta siendo un insecto monstruoso y se vive el proceso de cómo su familia se aleja de él y él también se aleja de su familia al verse y sentirse feo y sucio. Casi se pueden palpar los sentimientos de dolor y desgracia al haberse convertido en algo que avergüenza y es de desagrado para las demás personas. Otra de las partes que me parecieron muy interesantes es cuando Diego explica la relación de su imagen con el resto de su reflexión. Explícitamente esta frase “Cuando enfermamos, no estamos conscientes de la enfermedad como tal, como condición biológica. Al igual que el pintor de esta imagen, representamos dramas que tendrán poco que ver con nuestra condición real, pero que nos permiten vivir con ella”. Considero que eso de representar dramas es tan cierto, cuando nos enfermamos en cierta forma nos sentimos como los “apestados”, como si realmente la enfermedad pudiera olerse o verse físicamente y al sentirse fuera algo realmente desagradable y digno de esconder. De nuevo, como escribe Diego en su reflexión: “Conocer que se padece de una enfermedad altera la forma en que nos percibimos, aún cuando esa enfermedad no se haya manifestado aún físicamente”. En algunos casos no somos nosotros los que “representamos dramas” sino que son las personas alrededor nuestro las que arman el drama. Es decir, se puede llegar a tener cierto miedo de comunicarle a las demás personas que se está enfermo ya que estas pueden reaccionar exageradamente ya sea pensando que la enfermedad es muy grave y que el enfermo se va a morir o que es algo contagioso y por ende, deben alejarse lo máximo posible.
ResponderEliminarMe gustaría terminar el comentario aportando un poco, con un cuento que me gusta mucho, un cuento de Cortázar que leí hace ya tiempo que se titula “A la salud de los enfermos”. La historia trata sobre una familia en donde el hijo que vivía lejos de su casa se accidenta y muere y de cómo su hermana y su tía deciden ocultárselo a su madre por su “delicada condición”. Elaboran un gran drama, para usar las palabras de Diego, en donde escriben cartas falsas a la madre para que siga pensando que su hijo estaba vivo, igualmente le piden a la novia del hermano difunto que siga llegando a la casa a visitar a la madre. Pasa el tiempo y la tía se enferma, y, de la misma forma, por la condición delicada de la madre, deciden no decírselo e inventan que la tía se había ido de vacaciones porque se sentía mal y el aire del campo la ayudaría a sanar. Pasa el tiempo e igual, la tía muere y la hija continúa con el invento. Al final, la madre muere y la hija se queda pensando en cómo se lo comunicaría a su tía y a su hermano, cuando se da cuenta que ambos ya habían muerto. Creo que el cuento es interesante porque aporta algo más: al enfermarnos no son sólo las metáforas que nos decimos a nosotros mismos para permitirnos continuar con nuestra vida de la mejor y más ordenada manera posible, sino también en algunos casos pueden ser metáforas que inventamos a otros para evitar el caos general, no sólo en nuestro micromundo sino en nuestro ambiente de relaciones interpersonales. Para aplicarlo a la imagen de Diego, el pintor no pinta sólo para él, sino para el público que desee ver lo que pinta.