Y es que lo complejo es “no caer en debate” de quién o qué técnica es la mejor y la que es definitiva. Cada institución por más sencilla o compleja que nos parezca tiene aportes invaluables al bienestar de su comunidad o del individuo en sí. Lo interesante sería entonces crear o favorecer espacios en los que las diferentes posturas converjan y no se cree una “definición” exacta de salud o bienestar, sino se realicen aportes que favorezcan de manera integral los procesos curativos tanto de una perspectiva occidental y no tradicional, claro que realizar el viaje en un proceso como éste no pretende imponer ideales uno sobre otro sino que sean complementarios en un ámbito de desarrollo.
Investigando un poco de las definiciones de salud, me topé con el Antropólogo Francisco Maglio, quien realiza un análisis de “Determinantes sociales de la salud y la enfermedad” y comienza describiendo lo siguiente:
Resulta clásica la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS): "Es el completo estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades".
En una primera lectura, tal definición parece impecable, pero analizándola en profundidad, aparecen tres inconvenientes:
1) Es utópica: "el completo estado de bienestar..." es imposible, al menos en esta vida.
2) Es retórica: no sirve operativamente para planificar un programa de salud.
3) Es "medicalizante": esto es lo más grave, ya que todo aquello que no sea "completo estado de bienestar..." es decir, la cotidianeidad, pertenece al ámbito de la medicina.
La medicalización no es una función de la medicina científica, más bien es un requisito funcional de los sistemas dominantes con el objetivo de control social, a través de funciones de normatividad, disciplina y estigmatización. Los conflictos sociales se transforman en patologías individuales. Pero también "medicaliza" a los médicos, a través de sistemas perversos de atención (por ejemplo, asistir a un paciente en cinco o diez minutos) y a la presión de la industria fármaco-tecnológica en medicina, a ejercer una práctica individualista, biologicista, mercantilista, pragmática, deshumanizada (tanto para el paciente como para el médico) a-histórica y a-social.
Maglio continúa con otra definición que se me hace mucho más interesante y compatible con ese ideal que posiblemente muchas personas compartan cuando hablan de salud, sea al nivel que sea, y la definición sigue así:
“X Congreso Catalán de Médicos y Biólogos, Barcelona, 1988: Salud es la manera de vivir libre, solidaria, responsable y feliz. Es un bien ser y no un bien-estar (en obvia alusión a la definición de la OMS).”
En lo personal, ésta última definición considero es mucho más integral que el simple hecho de estar bien del estómago, vías respiratorias, etc. Se trata de que al individuo se le vea desde una perspectiva más humana y no suceda como se describe con anterioridad que se convierte en un número de boleta o una receta. Y es importante que se le vea así tanto fuera como dentro de la comunidad, para que entonces y utilizando el concepto de “Reproducción social” propuesto por Janzen (2002), el paciente utilice los recursos que la comunidad le provee para favorecer su bien ser y se convierta en un elemento más colectivo y no individualista como se ha visto por la medicina occidental, no sé si sucede de la misma manera con la medicina no tradicional.
En una revisión realizada por Maglio encuentra lo siguiente: La antropología médica crítica, nos muestra el proceso salud-enfermedad-atención como un constructo social y a su vez su producto, analizando y mensurando lo histórico, lo ideológico, lo político, lo económico, lo social y lo cultural en la génesis de dicho proceso.
Entonces surge una pregunta más, luego de ver algunos de los elementos que entran en juego en esta complicada tarea de definir salud y como debe ser distribuida, y el cuestionamiento es el siguiente ¿estará politizado hoy día el concepto de salud? Yo creo que sí y que se ha convertido un negocio que recoge frutos millonarios en un mundo inclinado hacía la medicina occidental, restando valor e importancia a la medicina no tradicional y a los terapeutas no tradicionales. Hace falta mucho trabajo en este rubro en un país como Guatemala donde en muchos casos y hablo a título personal dudo mucho de lo que alguien que no tiene un grado universitario en medicina puede hacer por algún padecimiento mío, pero creo que siempre es importante estar abierto a ese tipo de medicina, en un punto las dos perspectivas tienen razón.
Bibliografía:
El comentario de Jair es interesante porque, además de estar muy bien escrito, hace referencia al tema de la salud como concepto en sí. Es importante tratar este tema antes de iniciarnos más en el estudio de la antropología médica, puesto que todos los temas que podamos tratar en este estudio deberán estar fundamentados en nuestro concepto de "salud". Jair presenta dos definiciones distintas en naturaleza en su reflexión, que me parece que vale la pena ver más a fondo.
ResponderEliminarLa primera, es la de la OMS, que reza: "Es el completo estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades". Según Jair, esta definición es inadecuada, entre otras cosas, porque es retórica y no ayuda a la creación de políticas de salud pública. Prefiere la segunda definición, la de los médicos catalanes, que dice que la salud "es la manera de vivir libre, solidaria, responsable y feliz. Es un bien ser y no un bien-estar.” En mi opinión, esta segunda definición de salud es aún menos útil para la construcción de políticas que aseguren el bienestar de la población, pues es más amplia que la primera. En este sentido, me parece que para la generación de políticas en materia de salud, es necesario tener una definición objetiva, que en este caso es médica, de la salud, puesto que si no, sería imposible trabajar en contextos tan amplios y disímiles como en los que labora la OMS.