jueves, 28 de julio de 2011

Toda historia son varias historias (Diego Alburez)

Toda historia es en sí varias historias. Esto es lo que parece decirnos el libro de Briggs. Una epidemia de cólera no puede entenderse partiendo únicamente de datos estadísticos y noticias de prensa. Sucede que toda representación es, por naturaleza, sesgada; y en eso está su riqueza. Si las noticias de prensa no hubieran hecho explícita referencia a la culpabilidad inherente de los indígenas venezolanos por no ser modernos ni criollos, el trabajo de Briggs hubiera estado, inevitablemente incompleto. De hecho, la misma forma en que él presenta su trabajo es también parcial. Específicamente, corresponde al género literario de quienes desean hablar por quienes “no tiene voz”. Claro que esta expresión, que antes era tan común, ha cambiado en nuestros tiempos de eufemismos, puesto que los antropólogos se han visto forzados a ir abandonando, muy a su pesar el mismo enfoque paternalista que el autor critica de las autoridades venezolanas. Sin embargo, como exponentes de este género literario, los autores se esfuerzan por mostrar, como conocedores expertos, las increíbles particularidades del grupo indígena en cuestión. Mientras hacen esto, no desaprovechan la oportunidad para marcar la distinción entre los indígenas, y los no-indígenas venezolanos, colocando a los segundos en una posición, nada sorpresivamente, inferior, más vil con respecto a los primeros. No nos debe ser extraña esta imagen del antropólogo extranjera construyendo o reforzando este tipo de esquema, pues lo mismo ocurre y ha ocurrido en nuestro país. Para él, puesto que en su libro él es quien hace la historia, todas las acciones de los grupos indígenas fueron loables, acabaron trágicamente y fueron terriblemente malentendidas por los criollos, quienes faltó poco para que los representara como aquellos primeros españoles que vinieron a saquear nuestras tierras. Los criollos, por el contrario, son seres incomprensivos, racistas, intolerantes, pedantes y extrañamente crueles; sin importar quienes sean, siempre serán los malos de la película. De hecho, es sorprendente la manera en que este tipo de narraciones son similares a las películas estadounidenses, en donde siempre es importante que la audiencia conozca, desde el inicio, quiénes son los buenos, y quiénes los malos. Este abismo entre ambas partes, abismo no necesariamente real y empírico, puesto que se ha visto que existe cierta tendencia a idealizar la situación para colocar en una posición denigrantes a los grupos que no gozan de la admiración del antropólogo por acercarse menos a su noción de poblaciones que necesitan de su ayuda.

En este sentido, me gustaría detenerme para analizar o reflexionar sobre el papel de los antropólogos en comunidades marginales. Por esta razón, incluyo a continuación una foto del autor (de esta entrada) junto a un representante de una comunidad indígena marginada, y dos representantes de la cooperación internacional.

¿Qué relación veo entre esta imagen y las lecturas de estas semanas? Me recuerda que nunca estamos fuera de estas dinámicas de creación de realidad por medio de la expresión. En la imagen, los dos alemanes tienen cierta cuota de poder sobre la tercera persona, quien aunque posee el capital cultural que los funcionarios buscan, no es libre de expotarlo en su propio beneficio (y el de su comunidad) sin la intervención de estos sistemas de representación (en los que se incluye la llama “memoria histórica” y relatos como el libro en cuestión). Nótese que las partes involucradas en la composición de este tipo de historias, o este “género literario” como lo llama con sorna al inicio de esta reflexión, no necesariamente son aquellas personas que sufrieron la historia, sino somos nosotros que optamos por estar “al servicio de quienes la padecen”. Se dice que “leer es reescribir”; de la misma manera puede decirse que contar historias de otros también es, de alguna manera, reescribir su historia, puesto que toda historia, una vez que ocurre, deja de ser patrimonio exclusivo de las partes involucradas, y puede ser manipulada por otras partes, que aunque no presentes en el desarrollo de los hechos narrados, sí están de alguna manera implicados en el resultado de éstos. Dice Albert Camus, mencioné la cita más arriba, que “uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen”. Este estar al servicio de quienes la padecen es lo que pretende el antropólogo que representa a los otros, a aquellos que para él son marginales o han sido marginados y busca representar la historia de ellos desde su punto de vista, aunque siempre incluyendo su pequeño toque personal a la historia. No debe olvidarse tampoco que representar a otra persona es también ganar poder, no sólo sobre ella, sino sobre su imagen. El caso de los autores que escribieron este libro, por ejemplo, es ilustrativo, puesto que se han visto personalmente beneficiados con la comercialización de esta imagen terrible que presentan; sin hablar del beneficio, o prestigio, que ha traído a la antropología médica y a sus practicantes: “ven que sí tiene valor lo que hacemos”, parece decir el libro a aquellos incrédulos que no ven la necesidad de más antropólogos médicos en nuestra sociedad multicultural.

Esto no es para decir que lo que ocurrió en Venezuela no haya sido terrible y condenable, puesto que no hay duda que lo fue, y que existió, como lo expresa el autor, una racialización del problema que llevó a asociaciones casi inmediatas del indígenas con el vector de esta enfermedad. Según Robert K. Merton, si en cierto contexto las situaciones se definen como reales, serán reales en sus consecuencias. Esto, llamada la profecía auto-cumplida, es obvia en el texto, donde los indígenas terminan sufriendo las consecuencias de su estigmatización. Como dice el autor “Assertions regarding cultural difference—the idea that poor people and individual representing marginalized communities think and act differently and cannot embrace modern hygiene and medicine—increasingly shape institutional practices that permit or even multiply unnecessary and unconscionable deaths from disease”. No hay que olvidar esta parte de la narración, puesto que también es importante; y en este sentido el libro puede ayudarnos a comprender cómo esa profecía auto-cumplida lleva, fuera de los libros y abstracciones teóricas, también a la muerte de cientos de personas cuando los prejuicios y la discriminación llegan a nivel de políticas públicas en momentos de crisis.

2 comentarios:

  1. Durante todo este pequeño ensayo, Diego, trata de darnos a conocer su posición concreta sobre la construcción de la historia. Como bien lo apunta el título esta construcción de “una” historia engloba en sí misma a muchas más historias que se entrelazaron en determinado punto de la historia y en determinado punto geográfico. Así mismo, agrego a lo dicho por el autor, también hay que tomar en cuenta que existen distintos tipos, o por lo menos dos, de historia: por un lugar tenemos la historia oficial y por otro lado la historia oculta u ocultada. Como bien lo menciona el famoso adagio la historia se encuentra escrita por los vencedores (es por eso que el mal nunca gana, puesto que nadie acepta que es el malo de la historia) y esta versión de la historia corresponde la versión oficial. Más oculta, pero no por ello inescudriñable, se encuentra la versión de la historia contada por el otro, el vencido. Como bien lo indicó Diego una historia difícilmente carece de sesgo, puesto que siempre incluye en sí misma la posición y las percepciones de aquel o aquellos que la cuentan. Por lo que nuestro trabajo como científicos, interesados en el área social (notar que no digo científicos sociales, puesto que eso excluiría a una gran cantidad de científicos de otras disciplinas que también comparten este interés), es el de recopilar todas las versiones que puede incluir una historia. Y a pesar de que la subjetivicemos, al menos en lo más mínimo, dar todos los hechos o por lo menos la mayoría para que el lector sea capaz de llegar a sus propias conclusiones.

    Me encuentro totalmente de acuerdo con las postulaciones de Diego, en especial aquellas sobre nuestra posición como científicos sociales “tratando” de hablar por los otros. Al igual que Diego comparto la idea que este concepto de “hablar por los que no tienen voz” implica una ganancia de poder sobre la imagen del/los individuo/s. Inclusive agregaría que el mismo concepto también puede conllevar a una reproducción y mantención de los estereotipos que se tienen sobre los grupos marginados. Puesto que se parte de la concepción de que estos grupos realmente son tan “débiles” e “indefensos” que se necesita que alguien, con más poder que ellos, los represente para lograr ser escuchados. El investigador no solo puede fungir como “traductor” o como “conector” entre los oprimidos y el opresor, sino también puede fungir como un padre, reproduciendo el tan criticado paternalismo del cual las ciencias sociales desean alejarse. Se encuentra aquí, pues, un dilema filosófico del más alto grado. Sin embargo una solución podría encontrarse en que nosotros, como científicos sociales, demos a estos pueblos marginados los conocimientos y herramientas para que sean, en un futuro próximo, quienes sean capaces de ser su propia voz y de defender sus propios derechos. Hoy en el Congreso de estudios Mayas escuche un comentario en el cual baso esta entrada. El epigrafista Antonio Cuxil en la mesa redonda expresaba que “el final de las incógnitas (refiriéndose al poco conocimiento que sacerdotes o arqueólogos tienen sobre el verdadero significado de los calendarios mayas en el clásico) sería que los arqueólogos se metieran más en la espiritualidad maya, o que los ajquij’ab se metieran más en la arqueología. Sería lindo soñar en un arqueólogo ajquij o un ajquij arqueólogo”. Sería pues nuestro deber empezar a luchar por este sueño y ser peones de nuestra misma extinción al luchar por que los oprimidos sean representantes de su propia voz.

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  2. Me parece interesante la manera en que Diego busca reflexionar acerca de las muchas historias que pueden nacer de un mismo acontecimiento, de los roles que juegan las relaciones de poder para que las mismas adquieran un poder de difusión mayor o menor y el papel de los antropólogos en las comunidades rurales. Concuerdo con Diego en que uno de los temas centrales de Briggs era mostrar las historias que no habían sido relatadas al mundo, aquellas que fueron de alguna manera limitadas por su posición inferior dentro de los niveles de estratificación social. De esta manera, las historias pasan a tener un nivel de difusión relacionado al capital cultural y económico de aquellos que las narran. En el caso venezolano, podemos ver como la clase dominante reflejada en la población ladina es aquella que comparte su historia a una escala global y pinta al mundo lo que aconteció, mientras que la visión de los grupos indígenas se limita a el espacio que ellos habitan. En cada acontecimiento hay tantas perspectivas como actores y espectadores y aún más, me atrevería a decir, ya que no solo se limita a quienes estuvieron ahí, a quienes lo presenciaron, sino que a aquellos a quienes fue contada y como ellos la reinterpretan y cuentan a sus conocidos, formándose una telaraña en las redes sociales donde la historia se reconoce solo hacia el hecho que hace referencia y no a la manera en que aconteció.

    Al final, como cuestiona Diego, es importante considerar nuestro papel como antropólogos cuando hacemos trabajos aplicados y a las conclusiones que llegamos. Me parece importante añadir que muchas veces se mezcla intentar rescatar a estas poblaciones con nuestras propias nociones de lo que es mejor para ello, problema claro en los proyectos de desarrollo, los cuales emanan de la ideología modernidad, la cual fue discutida anteriormente en clase. De igual manera, es importante reflexionar en la cita que Diego hace de Merton (aunque en realidad pertenece a William I. Thomas) en cuanto al poder de las profecías auto cumplidas. Si bien estas profecías las podemos observar en diversas esferas sociales tales como las económicas, las culturales y políticas; es importante tomar en cuenta el impacto que tienen los discursos académicos. De esto hay que considerar como el discurso que manejamos los antropólogos puede afectar la manera en que se desenvuelve la multiculturalidad en Guatemala. Hay que separar los juicios valorativos de lo que para nosotros es “bueno” o “correcto” y crear una tradición de reflexión epistemológica para cada investigación que realicemos. De esta manera, tal vez no es seguro que mantengamos una posición del todo acertada, pero estaremos más cerca que si lo dejamos a un lado. Este es el problema de los científicos sociales, que por analizar tanto la realidad social y abstraernos constantemente de ella, olvidamos que nunca dejamos de ser parte de ella, que nosotros poseemos nuestras cargas culturales y de ella emanan ideas que nos mueven a hacer lo que hacemos, de la manera en que lo hacemos.

    (Eduardo Rosales)

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