jueves, 28 de julio de 2011

Reflexión 1: La experiencia humana y la salud

Me gustaría empezar con una cita de la lectura de la semana tres de Janzen, Introducing to medical anthropology: “The illness/disease dichotomy has been a way to distinguish the sufferer's perception of the experience from whatever objectively discovered entity or process may be established. An individual may be ill or have an illness without there being a corresponding disease that can be established by another person or expert. Likewise, an individual may have a disease-for example, cancer HIV positive infection-without knowing this or feeling ill. The illness/disease distinction made by medical anthropologists is a matter of the vantage point of the speaker. A sufferer experiences "illness." Those who professionally study, examine, or test the object of this suffering will usually speak of "disease," in particular if it can be identified with a medical label or diagnostically established name.” Como deja claro la lectura y la cita, padecimiento y enfermedad (illness /disease)no son dos puntos de referencia rígidos sino más bien un sistema de etiquetas flexible, el cual es muy útil a la hora de clasificar diferentes perspectivas sobre una misma situación relacionada con el tema de salud. A estas dos hay que agregar una tercera etiqueta la de malestar o aflicción (sickness ) esta se relaciona con la percepción social de una enfermedad. Estas tres etiquetas juegan un papel importantísimo a la hora de hablar de temas de salud en toda su extensión. Ya que representan en gran parte la forma en que las enfermedades son vistas por la sociedad en su conjunto como por el individuo. Estos tres conceptos sirven como piezas de un rompecabezas. Ya sea que se trate de un proyecto de salud pública o de cualquier paciente con cáncer. La forma en que se ordenen estas piezas será la que dará la pauta de qué clase de procedimiento será utilizado o más bien qué es lo que se hará. ¿Pero cómo estas etiquetas son asignadas y quien las asigna? Mi respuesta es que todos lo hacemos como individuos y como sociedad en una relación sinérgica, en lo que aceptamos como cierto, según nuestro sistema de creencias. Sería un error pensar que el antropólogo establece el orden correcto de estás o que el médico es quien tiene la decisión sobre lo que es cierto. Las percepciones culturales, las representaciones sociales y las relaciones de poder son los tres conceptos que al final unen el rompecabezas. Cada uno de estos elementos describe lo que se toma como verdadero o falso. Las precepciones culturales tienen que ver con la forma en que se entiende la cultura. Las representaciones sociales es la forma en que la cultura se comporta. Y las relaciones de poder tienen que ver en cómo funcionan las sociedades. Cada una está íntimamente relacionada con la otra y si algo cambia en una de ellas lo más probable es que cambie todo el sistema. A mi punto de vista la antropología médica nace por la necesidad de tratar de entender el tema de la salud en sociedades no occidentales. Al estudiar estas sociedades los antropólogos fueron un paso más allá de la biomedicina o psicología, estudiaron como es entendida la salud. El éxito que estas primeras investigaciones tuvieron abrió el campo para que naciera una nueva rama en las ciencias sociales. Conforme fue avanzando la antropología médica no solo se ha dedicado a estudiar sociedades exóticas sino también analizar el paradigma científico en sociedades occidentales. Entender como las piezas en la concepción de la salud se comportan es clave para poder brindar un tratamiento correcto. Es allí donde la antropología médica es de gran utilidad. Puede brindar mucha ayuda a la aplicación de la biomedicina pero también puede servir para rescatar y entender antiguas creencias y costumbres que tienen un valor no solo histórico sino social para las personas que las practican. El gran problema se encuentra en desacreditar o rechazar las ideas que no tiene sus fundamentos en la ciencia moderna. Parte del entendimiento de la salud incluso en el mundo occidental tiene mucho que ver con las creencias. Para explicar a lo que me refiero con el sistema de creencias y como se relaciona con la salud voy a exponer un ejemplo de mi primera visita de campo. Fui a visitar a mi abuelo paterno el cual sufre de cáncer. Lo diagnosticaron a principios del 2010 con cáncer de próstata ya muy avanzado como para realizar una operación. El oncólogo por su edad avanzada le recomendó que la mejor opción era seguir un tratamiento para prolongarle y darle una mejor calidad de vida, el someterse a radioterapia podría matarlo más rápidamente. Cuando recibí la noticia recuerdo haber quedado helado no lo asimile rápido y a lo largo de todo este tiempo he ido aprendiendo a manejarlo. Muchas veces mi forma de desahogo es a través de la música, la situación de mi abuelo me recuerda a una canción del cantante John Frusciante, llamada After the ending; “Pain runs through life Pleasure's other side Fear, some say, gives us such long lives Leads us where we drive” Creo que el resto de la familia ya lo asimiló y estan consientes de que tendrá que pasar. Analizando lo sucedido desde la perspectiva de la antropología médica me surgen nuevas interrogantes. Relacionadas con las etiquetas de padecimiento, enfermedad y aflicción. Para una familia urbana de clase media pareciera claro localizar esta situación en centro de las tres. Aunque ninguno de nosotros es medico creemos en la biomedicina, y no dudamos de que esté sucediendo otra cosa. Por lo que ya había explicado esto se relaciona íntimamente con las relaciones de poder, representaciones sociales y percepción cultural. Muy probablemente porque podemos tener acceso a servicios hospitalarios biomédicos, nuestra auto identificación dentro de la sociedad y nuestro nivel de educación es que creemos en la biomedicina, por lo tanto aceptamos la situación y aunque nos cause angustia aceptamos que está fuera de nuestras manos. En la historia hay dos personajes que vale la pena analizar más profundamente. Mi abuela es una católica devota, desde que supimos la noticia su fe empezó a ser más fuerte. El cuarto de ellos empezó a llenarse de imágenes religiosas, mi abuelo que es ateo suele bromea mucho con ello. Incluso empezó a hacer pactos con dios o como ella los llama “ayunos” con la esperanza que esto lo currara. Conforme la enfermedad ha ido avanzando mi abuela empezó a aceptar el hecho de que mi abuelo moriría de cáncer en poco tiempo. Ahora puede hablar del tema con mucha más tranquilidad, pareciera que todo el proceso que ha tenido que atravesar mezclado con sus creencias le ha ayudado a superar la situación. El otro personaje es mi abuelo, el está pasando por un proceso de montaña rusa donde continuamente cambia su visión acerca de su misma enfermedad. Su vida sigue como normalmente era, todas las mañanas se dirige a su despacho aunque no tiene la necesidad de hacerlo, y con la dificultad que esto implica con la metástasis que ya está sufriendo sigue movilizando como si nada hubiera pasado nada; lo que cambia para él es el bastón que lo ayuda al andar por el dolor de rodillas. Es en esos momentos de más tristeza y desesperación cuando confiesa que ya no sabe qué hacer o que pensar. Actúa como si la sentencia no estuviese dada ha decir que morirá. Tres semanas atrás a principios de julio del 2011 se opero el ojo por una catarata que empezaba a molestarle. Lo menciono con el motivo de señalar dos puntos el primero ¿Por qué un alguien con una enfermedad terminal se sometería a una operación selectiva? Y segundo ¿Realmente ha aceptado su muerte? Creo que la segunda responde a la primera y tristemente la segunda es un no. Digo no soy un psiquiatra y reconozco que puedo estar equivocado pero lo que quiero señalar es el hecho que mi abuelo continua actuando hasta cierto punto como si no supiera lo que le está pasando. Es cierto que no es ningún oncólogo sabe que esperar más de lo que la medicina le dicta. No quiero ponerme en un lugar donde este juzgando a mi abuelo, aunque a fin de cuentas es lo que estoy haciendo, pero lo que quiero señalar que es el hecho de la negociación que él tiene con la muerte, es algo que cambia constantemente, según sea su ánimo y dependiendo de lo que quiera creer, es por eso mismo   que puede funcionar. Incluso es mismo dice que la operación de los ojos es solo un paliativo para soportar la muerte para así poder disfrutar de lo que le queda la vida.  

El curso me ha hecho reflexionar sobre la forma en que veo la salud y por lo tanto en la forma en que veo la vida. En lo que confiamos y creemos, en lo que rechazamos y porque. He descubierto que no hay una perspectiva que podamos llamar como exacta, la salud es mucho más compleja que hospitales y centros de salud. La salud involucra personas, familias, comunidades y sociedades por lo mismo entenderla siempre nos llevara a hacer suposiciones sobre la verdad y la mejor forma de enfrentarnos a esta duda es con humildad. Mi primera cita trata de la dicotomía entre padecimiento y enfermedad. La segunda es un pedazo de canción que habla de la muerte. Y la imagen que escogí es una pintura de un hombre vendado de ojos. Yo las relaciono a las tres por el sistema de creencias. Lo que consideramos como real está dado mucho por el ámbito en el que nos desarrollamos. Pero realmente nunca podemos estar seguros de que nuestra creencia es la correcta. Incluso en la ciencia moderna existe el paradigma científico, algo que no ha sido descubierto o que se sabe muy poco. Es como tener los ojos cerrados y solos poder escuchar aquellos que te tienes más cerca y a partir de esto crear en nuestras mentes un colectivo de lo que aceptamos y rechazamos. Pero si algo es cierto es que todos somos humanos y compartimos la experiencia de estar vivos y muy posiblemente enfermar y morir. Aunque no compartamos los puntos de vista. Y por más dispares que puedan parecer las ideas por momentos se cruzan la prevalencia por querer vivir sobre la muerte. Lo importante es estar consciente de la experiencia humana y saber que no es algo ajeno a nosotros mismos a la vida.

1 comentario:

  1. Me sentí muy identificada con la reflexión de Diego. Aunque nunca he vivido una situación de salud/enfermedad tan trascendental como la que él comparte, me inquietan muchas de las preguntas que plantea. Por eso, me gustaría comentar un poco sobre la relación entre salud y vida, las preguntas ontológicas y la utilidad de la antropología médica.
    Diego menciona que el curso le ha hecho reflexionar sobre la forma en que ve la salud y, por lo tanto, la forma en que ve la vida. Esto me hace pensar en lo importante que es la salud para las personas. Es decir, hablar de salud no es como hablar de política. La salud es mucho más trascendental. No sólo hay acuerdos y desacuerdos, hay explicaciones existenciales, preguntas que no podemos responder…
    Diego menciona que entender la salud siempre nos llevará a hacer suposiciones sobre la verdad. Estoy de acuerdo con esta afirmación. En general, las personas no podemos explicar todos los fenómenos que suceden con nuestro cuerpo. Por eso, cada grupo trata de explicarlo con las herramientas que tiene a la mano. Entonces, cada vez que nos encontremos con las interpretaciones culturales sobre salud, enfermedad y tratamiento; éstas pueden estar muy relacionadas con otros aspectos de la vida (como religión y forma de vida).
    Dado que las explicaciones parten de suposiciones, y estas suposiciones son diferentes para cada cultura, estamos en un mundo de múltiples verdades. Para Diego, realmente nunca podemos estar seguros de que nuestra creencia es la correcta (ni siquiera la “ciencia moderna” da algún tipo de certeza). Pienso que esta es la mejor actitud que podemos tomar, porque evita valorar un conocimiento acerca de la salud sobre otro. Además, permite el diálogo y el aprendizaje mutuo. En realidad, la actitud de pensar que yo sé más que la otra persona, es la que más oportunidades nos puede quitar… nos quita la oportunidad de conocer más a fondo una sabiduría que, incluso, puede ser usada en nuestro beneficio. Por eso, estoy de acuerdo con Diego en que la mejor forma de enfrentarnos a esta duda es con humildad.
    En su reflexión, Diego también menciona que entender cómo las piezas en la concepción de la salud se comportan es clave para poder brindar un tratamiento correcto. Es este el punto que me parece más interesante. Al final, ¿para qué quitar las brechas entre un entendimiento y otro? ¿Para qué conocer las otras verdades sobre la salud, enfermedad y tratamiento? Simplemente, para mejorar la vida de todos. Una antropología médica que se quede en el campo de lo “interesante” de conocer algunas explicaciones culturales, corre el peligro de ignorar las carencias en la calidad de vida de las personas… especialmente en un país como el nuestro. Entonces, la pregunta es cómo aprender unas verdades de otras y –a través del resultado de este aprendizaje- mejorar la vida de todos. La única respuesta que se me ocurre es la misma que dio Diego: con humildad. La primera barrera que hay que romper es la falta de disposición. El resto, nos podremos ir cuestionando en el camino.

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