miércoles, 27 de julio de 2011

Reflexión 1. (Ana Liggia Samayoa)

Mi siguiente reflexión nace del texto de Briggs, Historias en los Tiempos del Cólera. El texto básicamente expone de una manera etnográfica lo que estaba pasando en la región de Venezuela conocida como el delta del río Orinoco y de cómo la gente local, el gobierno y los medios de comunicación manejaron el tema. Conforme he avanzado en la lectura se me ha venido a la mente que el cólera se puede comparar con la violencia a pesar de ser dos cosas aparentemente muy distintas en cuanto a forma y sustancia. La relación surge a partir de la siguiente cita: "nueve de mis amigos más cercanos habían muerto y los sobrevivientes estaban aterrados"(Briggs, 2003) pues es justamente lo que ocurre aquí en Guatemala donde la mayoría hemos sufrido la pérdida de algún conocido y sabes que toda la población está de una u otra forma alterada.

En mi opinión la similitud más obvia entre estos dos conceptos es de carácter etimológico ya que la palabra cólera se usa también como sinónimo de que alguien se pone violento o furioso. De hecho en algunos diccionarios se define como “Enfado muy violento en que el que lo experimenta grita, se agita y se muestra agresivo” ( Munné Ramos,2002).

El Cólera y la violencia son considerados una enfermedad social, porque se expanden en ciertos sectores más que en otros, pero afectan a todos de manera directa o indirecta. Tanto la violencia como el cólera movilizan a la población para prevenir y erradicar el fenómeno que cuesta tantas vidas. Los brotes de cólera causan reacciones de pánico, desorganizan la estructura social y económica y pueden dificultar el desarrollo de las comunidades afectadas, asi como pasa con la violencia.

Los brotes del cólera como los de la violencia son muy difíciles de controlar, más cuando se espera a que se haya extendido y se tienen por recursos para invertir en la prevención y en la erradicación. Sin embargo, a través del tiempo hemos visto como los gobiernos no invierten, ni concentran la mayoría de sus recursos para la erradicación de enfermedades como el cólera ni para la erradicación de la violencia, lo cual también se vuelve un negocio para algunos sectores como las casas farmacéuticas, hospitales privado, agencias de seguridad, ventas de armas, etc., servicios a los que tiene acceso solo la élite económica (los demás mala suerte). Aún asi, los estados siempre prefieren que las magnitudes de ambos fenómenos no se reporten ni se revelen debido al costo económico que implica para el país, un ejemplo de lo que perdería el país por una epidemia de cólera sería una baja en el turismo, que es exactamente lo que ocurre con la violencia. Muchas veces para quitarse la culpa los estados refieren las causas a los países vecinos, asi como lo hizo Venezuela con el cólera y como hace Guatemala culpando al Salvador por las maras y a México por los narcotraficantes, dos grupos de crimen organizado que logran alcanzar sus metas mediante el uso de la violencia.

Otra forma de violencia es la intrafamiliar, esta muchas veces permanece invisibilizada entre la población debido a que las personas suelen verlo como un fenómeno normal y por lo tanto no lo denuncian ni toman precauciones. En Venezuela parte de la causa de la propagación de la enfermedad fue la falta de información de la gente especialmente de las poblaciones más pobres, más lejanas y en el caso de Venezuela los grupos indígenas. Al igual que con la violencia vemos que muchas veces este fenómeno crece debido a la falta de educación al respecto y al olvido en el que se mantienen las poblaciones menos favorecidas. Esto a su vez causa que muchas veces se les culpe a ellos de estos males y se relacionen directamente con su cultura creando más prejuicios como por ejemplo: “el indígena tiene la culpa de que haya cólera porque es sucio”, no es porque nadie les explico que antes de tomarse el agua es mejor hervirla o clorarla para evitar llenarse de bacterias. Otro ejemplo es el clásico pensamiento de que “el indígena es bravo y violento por naturaleza” , no es porque su entorno le haya hecho adoptar estas conductas como una forma de defensa, por reproducción de patrones y porque toda manifestación violenta, menos el asesinato aunque en algunos casos si porque se tiene conceptos de justicia, se justifica de alguna u otra forma y se ve con normalidad por falta de información sobre como no deben ser tratadas las personas. Además tampoco se toma en cuenta de que la violencia es posible porque el estado no hace nada por evitarla y hay mucha impunidad, lo que provoca a la vez miedo en la población para demandar porque si no se hace nada contra el agresor incluso puede costarle la vida al demandante, a menos que sea alguien de la élite, a quien seguramente se le tomará el caso de enseguida y se procederá como una azaña triunfal.

Por último, me gustaría aclarar porque escogí la imagen de un ciclo, y es que tanto el cólera como la violencia lo tienen. El ciclo del cólera básicamente va desde la picadura de un Triatomino, que es portador de la bacteria, la bacteria se propaga por las células y tejidos del cuerpo, comienzan a aparecer signos clínicos, luego se va a la sangre y al estomago[i]. El hombre al evacuar heces fecales que contamina las aguas o las manos, luego pasan a los alimentos y posteriormente son ingeridas por el hombre incubando en él la enfermedad. El ciclo de la violencia se caracteriza por la fase de tensión que desencadena en un acto agudo de violencia y luego lleva la persona al arrepentimiento. El truco está en saber romper estos ciclos para evitar la propagación, lástima que en la violencia la cosa no sea tan sencilla debido a que los problemas sociales son multicausales, mientras que en la enfermedad una vez se termina la bacteria se acabó.



Bibliografía

Briggs, Charles (2003) Stories in the Time of Cholera: Racial Profiling During a Medical Nightmare. Berkeley: University of Berkeley Press.

Munné Ramos, Antoni (2002) La Microgimnasia Amar El Cuerpo. Barcelona: Ed. Paidotribo. 177 pp.

2 comentarios:

  1. La reflexión de Liggia me pareció un análisis muy bueno al tocar el tema sobre la relación que tiene una “enfermedad física” con una “enfermedad social”. Sus puntos específicos parten de los problemas encadenados, esto al mencionar que muchas veces parten de los prejuicios sociales, en echarle la culpa a otros y en la insibilización de los contenidos del los contextos en los que se producen los problemas. El desentendimiento de todos estos problemas, se refiere ella, son un circulo que sigue una línea de reproducción consecuente ya que al tratarlos aislados no logran evidenciar todas sus causas y consecuencias.
    Efectivamente el cólera y la violencia, temas que Liggia comenta, son cuestiones que muchas veces son estudiados o entendidos superficialmente de sus formas y contenidos . Estos problemas en la sociedad causan desestructuraciones que afectan no solo a la persona sino a todo le medio en el que vive.
    Estoy de acuerdo con la posición de Liggia ya que ver los fenómenos como un significado-de es una reducción de la posibilidad de visualizar la multiplicidad de lo que produce, en este caso, los problemas o enfermedades.
    Los problemas tiene una vinculación ya sea en medios económicos, sociales, ambientales, políticos etc. Verlos en correlación no solo implica ver sus causas coyunturales sino también verlos desde la perspectiva histórica para no caer en prejuicios u otras ideas superficiales que no atan el problema. Por ello la critica de los fenómenos es una primer paso para analizar la profundidad del problema.

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  2. Estoy de acuerdo con la comparación que hace Liggia con respecto a la enfermedad y a la violencia, me gustó mucho cuando hace compara: “Los brotes de cólera causan reacciones de pánico, desorganizan la estructura social y económica y pueden dificultar el desarrollo de las comunidades afectadas, así como pasa con la violencia”. Me cabe agregar que tanto el cólera como la violencia, tienen ciertos “síntomas” por así decirlo, o antes de atacar en profundidad, presentan ciertas señales que pueden ser tratadas antes de que se empeore la situación, como por ejemplo los mareros, quienes tienen toda una comunicación de señales visuales (los graffitis), al igual que el cólera, presenta ciertos síntomas previos que pueden ser tratados con facilidad, y es por eso mismo que me gustó mucho cuando en el comentario, Liggia menciona: “Los brotes del cólera como los de la violencia son muy difíciles de controlar, más cuando se espera a que se haya extendido y se tienen por recursos para invertir en la prevención y en la erradicación”. Tanto la violencia, como la enfermedad son difíciles de combatir cuando se espera mucho tiempo. He escuchado a varios doctores manifestar cierto disgusto cuando al decir: “las personas cuando se enferman esperan hasta el último momento para ir al doctor, sólo llegan cuando miran que la persona se está muriendo”, lo que me hace pensar en la situación en la que estamos viviendo actualmente con tanto candidato que dice que llevara la seguridad de Guatemala al “doctor”, para combatir con la violencia; en este caso la enfermedad que invade a Guatemala. Al igual como menciona Liggia: “Además tampoco se toma en cuenta de que la violencia es posible porque el estado no hace nada por evitarla y hay mucha impunidad...” agrego que tanto la violencia como la enfermedad, son causantes por una dejadez y muchas veces por la impunidad de las personas.

    Por último me cabe agregar, que me parece interesante como Liggia enlaza los dos temas con la imagen de un ciclo, del cual comparto, sin embargo, me gustaría agregar que tanto la enfermedad como la violencia se han podido “curar” en menor escala, puesto que para la enfermedad, existen vacunas que lo previene y para la violencia, existen afiliaciones (familia, religión, grupos, etc) que hasta cierto punto retiran a la persona de la desviación y la “normalizan”, un ejemplo es el caso de las iglesias evangélicas que convierten a las personas, o es lo que intentan hacer...

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