Para lograr llevar la información acertadamente, es importante considerar aspectos como la organización comunitaria, la participación social, las costumbres propias de la población en cuestión, los antecedentes de la comunidad relacionados a la enfermedad etc. Es en este tipo de “caracterización” de la comunidad en donde adquiere un papel protagónico el antropólogo médico, quien de alguna manera facilita el acceso a la información local, que posteriormente permitirá manejar de mejor manera un evento sanitario, ya sea de índole preventivo o curativo.
Un ejemplo bastante ilustrativo es la forma en que algunas veces se aborda un brote, incluyendo el uso de tecnología ajena a las comunidades afectadas y como ésta causa sensación de inseguridad, desconcertación y hasta pánico, no solo por el uso de la tecnología per se, sino por la falta de información adecuada sobre la enfermedad, sus repercusiones, y riesgo verdadero para las personas.La falta de información y la deficiente comunicación amplían el contraste de la tecnología con la situación, muchas veces precaria, de algunas comunidades, esto sucede con cierta frecuencia en poblados de Asia, en donde la influenza aviar constituye un tema de gran importancia para la salud y la economía. Tal como lo describe la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y la Agricultura en su página de Internet (http://www.fao.org/ag/againfo/programmes/es/pplpi/docarc/pb_hpaibiosecurity.html): …Por consiguiente, la gripe aviar representa una grave amenaza para los pequeños avicultores rurales pobres, de manera directa por la mortandad que puede causar, pero quizás más de manera indirecta por las medidas aplicadas para combatirla... y entre las medidas para combatirla, va implícito el hecho que dichas medidas debieran ser comunicadas a la población de una manera y en un lenguaje adaptado para evitar reacciones negativas y miedo.
La pandemia de influenza H1N1 dejó varias lecciones aprendidas sobre el tema de comunicación en momentos de crisis sanitaria. No es difícil recordar las desafortunadas declaraciones del alcalde de la ciudad de Atlanta, Estados Unidos, en pleno apogeo de la pandemia, en donde manifestó que “ni loco me subo en este momento al metro de la ciudad”. Este tipo de comunicado, proveniente de gente de las altas esferas administrativas de una ciudad, provoca una reacción de autentico pánico en la población, mostrando que el mal manejo de la información y de los medios, puede ocasionar una reacción negativa, incluso tratándose en este caso de una población urbana en un país desarrollado, e inclusive en una ciudad considerada en ese momento el punto de origen de la información, ya que en el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de Atlanta, se estaban llevando a cabo en ese momento pruebas de laboratorio a muestras provenientes de muchos sitios del país y probablemente de otros países del mundo.
En Guatemala, un país que cuenta con varias etnias, idiomas, costumbres y tradiciones particulares, en algunos casos con métodos talvez ancestrales de manejar situaciones relacionadas con la salud, es importante considerar la comunicación, (entendiéndose esta como un proceso de dos vías), para conocer las prácticas tradicionales y las formas de visualizar el proceso salud-enfermedad-curación, por parte de los diferentes grupos que conforman la sociedad. Esto no solo para desarrollar campañas de prevención y curación, sino también para conocer, y según sea el caso, reconocer el valor de las prácticas y métodos que también pueden dar solución a diversos problemas de salud, de manera accesible, eficaz y acorde con la cultura propia de la población.
Sin embargo, el tema de comunicación no solo debiera verse dentro del marco de las crisis sanitarias. La comunicación es en buena parte responsable de la toma de decisiones a diferentes niveles. Acuerdos ministeriales, declaración de estados de emergencia, asignación de recursos financieros para planes a mediano y largo plazo, campañas educativas, etc. se basan en buena parte, en la información recabada y transmitida por personas relacionadas con la salud. Y depende de estas personas y del tipo de información, así como la forma de comunicar la misma, el que se logren decisiones acertadas. En el tema de salud, generar información de calidad, objetiva, clara, oportuna y veraz, es vital para desarrollar posteriormente planes de prevención y control.
Por lo tanto, es importante considerar dentro de los grupos multi e interdisciplinarios, a profesionales con la capacidad para determinar aspectos relacionados con el manejo de la información, no solo desde el punto de vista mediático, sino desde el punto de vista social, comunitario, de comportamiento, etc. pues en muchas ocasiones, los encargados de la parte puramente médica o científica, carecen de conocimiento, técnicas y métodos para proporcionar y recibir la información de forma correcta, y sobre todo de transmitirla. Así, el antropólogo médico, el sociólogo, y otros profesionales de las ciencias sociales, constituyen un eslabón importante para generar información y comunicarla para que, indistintamente, tomadores de decisiones y comunidad en general, puedan encontrar respuestas a los problemas de salud, que al final es el objetivo de todos.
En este comentario hago referencia a la reflexión de Danilo sobre el papel central de la información para el “proceso salud-enfermedad-curación”. Me parece que Danilo expresa esta idea, además, de forma excelente en la fotografía que acompaña al texto, que, me imagino, retrata a personal de salud ingresando a una comunidad para realizar algún tipo de procedimiento relacionado al tratamiento de la gripe aviar, puesto que se ve que van como correteando a un pollo. De cualquier forma, la idea la transmiten las personas vestidas con extraños trajes blancos, botas y guantes que se pasean entre personas que los observan con sorpresa. Esta es la imagen del mundo moderno ingresando a las comunidades más tradicionales, que aún no han sido tocadas por su poder transformador. Realmente no sabemos si la población ha sido debidamente informada sobre los procesos que se darán como parte de la prevención o tratamiento de esta situación, por lo que no es posible seguir discutiendo sobre el tema. La imagen, sin embargo, es valiosa, puesto que nos permite ver en pocos segundos, y de manera más clara, la diferencia de percepciones, o al menos de métodos, de las dos partes involucradas. El segundo punto al que haré referencia será la noción del trabajo interdisciplinaria para tratar esta problemática de la información y su difusión, sobre todo porque Danilo da a los antropólogos un papel central en este proceso.
ResponderEliminarPara Danilo, existe una forma de crear conocimiento válido para el tratamiento y prevención de las enfermedades, y es la ciencia médica. Los descubrimientos de esta ciencia médica (que es eminentemente occidental) son los que deben difundirse al resto del mundo, y en este proceso deben estar involucrados los antropólogos como conocedores de las distintas realidades locales. El antropólogo es un traductor de códigos culturales que debe asegurarse que las comunidades a quienes se dirigen estos programas comprendan hasta donde sea necesario, la naturaleza de las intervenciones sanitarias para que éstas no constituyan un obstáculo en el avance de la modernidad y sus condiciones de salud. Esto me parece muy bien, puesto que hay, como hemos visto, enfermedades objetivas que deben ser tratadas con medicamentos. La crítica, contrario a lo que podría parecer quizá por el desarrollo de este comentario, no es hacia la práctica médica occidental, puesto que proporciona herramientas muy útiles para el combate de las varias dolencias que aquejan al ser humano. La crítica es a la centralización de la misa; al carácter elitista que ha adquirido una práctica cuyo único fin podría ser, el del garantizar el bienestar del ser humano. El conocimiento producido por la ciencia médica es muy valioso, y podría serlo aún más si se lograra descolonizarlo; esto es, buscar alternativas científicas serias a las dolencias que afectan a las varias comunidades a lo largo del globo. Esto se podría lograr únicamente fomentando el desarrollo de la investigación local (quizá a nivel nacional, o de provincias) para que así las soluciones médicas a problemáticas locales no sean tan ajenas a esta realidad local. De esta manera se podría reducir la dependencia en actores externos (como los antropólogos) y trabajar más directamente con las personas que sufren de algún padecimiento o dolencia.