“Death, be not proud, though some have called thee
Mighty and dreadful, for thou art not so;
For those whom thou think'st thou dost overthrow,
Die not, poor Death, nor yet canst thou kill me.
From rest and sleep, which but thy pictures be,
Much pleasure; then from thee much more must flow,
And soonest our best men with thee do go,
Rest of their bones, and soul's delivery.
Thou art slave to fate, chance, kings, and desperate men,
And dost with poison, war, and sickness dwell;
And poppy or charms can make us sleep as well
And better than thy stroke; why swell'st thou then?
One short sleep past, we wake eternally,
And death shall be no more; Death, thou shalt die.”
John Donne
Este es uno de mis poemas favoritos. La primera vez que lo leí fue en un libro en donde un padre de familia se lo dedicaba a su hijo que murió a los 17 años a causa de un tumor en el cerebro. Una de las frases que más me gustan y que me gustaría aplicar a esta reflexión es la siguiente:
“(…) Rest of their bones, and soul's delivery.
Thou art slave to fate, chance, kings, and desperate men,
And dost with poison, war, and sickness dwell; (…)”
En esta frase, el autor indica que la muerte es esclava del destino, del azar, de reyes y hombres desesperados y que habita en el veneno, la guerra y la enfermedad.
En la lectura de esta semana de algunos capítulos del libro Stories in the Time of Cholera: Racial Profiling During a Medical Nightmare, el autor, Charles Briggs habla acerca del proceso de racialización al que se sometió la enfermedad del cólera en Venezuela. Este proceso de racialización, desembocó al final, en más muertes a partir de esta enfermedad entre el grupo indígena Warao.
“Finally, the epidemic was racialized from the outset. Cholera was closely identified with “indians”” (Briggs 2003:85).
¿Qué tienen que ver este poema acerca de la muerte y la frase de la etnografía de Briggs? Para mí, mucho. En el poema como en el fragmento de la etnografía se puede apreciar cómo el hombre es causante de muerte al no querer ayudar a las personas infectadas solamente por ser indígenas, porque en el imaginario social, el indígena es sucio, vago, borracho e irracional; no tiene cabida en esta sociedad moderna, que evoluciona. El indígena muerto o el indígena enfermo representa más repugnancia, no sólo ya es sucio de por sí, sino que ahora se llega a relacionar con una enfermedad que evoca el hedor de los desechos humanos y vómitos, que trae a la mente la mente el zumbido de moscas y la imagen de un hospital desbordándose de vivos, medio vivos y muertos. En esta historia del cólera, el hombre llega, incluso, a manipular la muerte y la convierte en un negocio, en una buena historia de héroes, en publicidad, en dinero. En la entrevista que Briggs le hace a María Vargas, Directora del Hospital, se evidencia cómo ella se exalta a sí misma por sus actos heroicos de encerrar indios en la escuela por 13 días y proporcionarles “ayuda” suficiente para sobrevivir, ayuda que al final de cuentas ellos hubiesen desechado a cambio de su libertad:
“I became head of this entire region, of Temblador and Barrancas. Well, they gave me this regward for helping them out with the cholera. Yes, I see that, okay. I won it for all the work that I did, the things I did” (Briggs 2003:148)
Si esta historia les parece conocida es porque ES conocida. Para no irnos tan lejos, aquí, en Guatemala, cerca ya de las elecciones, los presidenciables se publicitan con la muerte. Tenemos un Otto Pérez Molina diciendo que lamenta mucho las muertes que sucedieron en el Petén, en donde como el cólera, el grupo de los Z masacró a trabajadores por estar aliados con alguien a quien perseguían. Además de lamentarse, ofrece como buen padre, cuidar a sus hijos los guatemaltecos y ofrecerles seguridad. Y así, cada vez que sucede un hecho de muerte, aparece otro con un campo pagado para hacerse más publicidad. Prometen seguridad, pero dejan de un lado la salud y la educación. Prometen soluciones alternas a los problemas y sin embargo, no toman en cuenta las opiniones de las otras culturas que conviven en el territorio. Al contrario, las silencian y les quitan todo tipo de agencia.

Lastimosamente, llego entonces a la oscura conclusión, que independientemente de los bichos, de virus y demás bacterias o agentes infecciosos, el hombre desesperado es al final, el causante de más muerte. Sin embargo, para continuar con la reflexión, me pregunto y pregunto: ¿Qué hacer entonces para cambiar esto? ¿Desde dónde buscar el cambio? ¿Cómo enfrentarnos a este negocio que se ha creado alrededor de la muerte?
Fuentes consultadas
Briggs, Charles and Clara Mantini-Briggs
2003 Stories in the Time of Cholera: Racial Profiling During a Medical Nightmare. University of California Press.
Gunther, John.
1998 Death be not proud. Harper Perennial Modern Classics.
El punto que quiero discutir sobre el ensayo de Alejandra es uno sustancial. El humano - al final - es el único portador y causante de las muertes o las salvaciones. Esto lo demuestra Alejandra cuando explica cómo en la lectura describen la racialización del colera y que es asociado a un grupo específico de humanos; es decir, explica cómo un grupo empieza atribuirle a una enfermedad rasgos antropo-mrficos que se asocian a determinado grupo. Por otro lado, demuestra esto cuando desarrolla la idea que los humanos "otra vez" encontrar una forma de generar relaciones económicas a costas de la vida o muerte de otros humanos. En suma, es cuando las personas crean un cuerpo de ideas y éstas, gradualmente, se van materializando y tomando fuerza. Esta idea la relaciona con un poema y un dibujo que explicitamente están diciendo que las causas y soluciones del sufrimiento, muertes o salvación no están - necesariamente - en un bicho, unas pastillas, unas flores, etc. sino en el propio estilo de vida de un grupo de humanos.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con Alejandra porque nos está llamando a reflexionar sobre la necesidad de entender y cuestionar los distintos imaginarios sociales que convergen en un fenómeno socio-cultural en un determinado momento y lugar. Concuerdo con ella en los ejemplos que da genéricamente sobre: menor medicina, menor personal de salud es igual a mayor apoyo económico internacional. También, creo que éste tipo de modus operandi en la salud no sólo se da en la salud, sino en otras esferas de la vida como la seguridad como lo demuestra Alejandra. Yo agregaría que esto también se da por ejemplo en la educación donde los maestros y terceros crítican a los niñ@s de primaria que son sucios, tienen varicela, tienen piojos, etc. pero la razón es que estudian en condiciones de asinamiento; es decir, la población de estudiantes es tan grande que no es cuestión de higiene sino de distribución de alumnos. Entonces, en el análisis y en el plan para cambiar la situación hay que tomar en cuenta las relaciones de poder que subyacen en los discursos de los actores.
Por eso, al final me parecen acertadas la interrogantes que hace Alejandra: "¿De dónde viene el cambio?" Desde mi punto de vista, el cambio tiene que venir de un quiebre que reproduce las mismas estructuras y una nueva forma de entender el fenómeno a los ojos de los interesados.Es por esto que se hace relevante el rol de un antropólogo médico aplicado pues tiene las herramientas para generar puentes de comunicación o por lo menos de denunciar y explicar como el caso de Briggs al cual hace referencia Alejandra.