sábado, 22 de octubre de 2011

Sobre lo tradicional... Azacuanes (asajuanes) ¿Se nos fue el invierno?

Hace un par de días vine a visitar a mis padres a Escuintla como suelo hacerlo, la verdad todo parecía bastante complicado por el clima y no sabía exactamente si se podría viajar, resultó que si lo logré. Las tardes acá las recuerdo bastante entretenidas entre los chuchos de la calle, la gente que sale a la calle a eso de las 4 de la tarde a traer el pan para la cena y los clásicos niños correteando por las calles (alguna vez yo fuí parte de esos niños), mi madre dice que los niños son como los frijoles "nunca faltan". Así son ahora las tardes, pero la lluvia que azotó recientemente al país nos encerró y nos convirtió en amargados empapados, todos nos quejamos y muchos más sufrieron las terribles consecuencias que dejó la tormenta a su paso por el país, de ésta nueva tormenta que nos visitó surgen dos cosas una es la interrogante forzada ¿qué esperan las autoridades para proveer de recursos a conred y sistema de salud pública para hacer campañas de prevención además de estar listos para las tragedias? y segundo; vi a los azacuanes o asajuanes según el gusto del cliente.

De la interrogante tengo muy poco para contestar, yo no entiendo de los protocolos políticos que se traen los diputados en el congreso y tampoco sé que tanto tienen que pensar para aprobar los fondos para la gente necesitada. Me gustaría mucho poder entender que hacen entre invierno e invierno las entidades encargadas de prevenir desastres, me imagino que se pasan arreglando lo de los años anteriores es decir y en términos coloquiales "tienen sus deberes atrasados", y es que pareciera que por más fuerte o débil que sea la tormenta que nos toque, nunca logramos emparejarnos y que nos dé tiempo de prepararnos para defendernos mejor y digo "nos" porque de una u otra forma deberíamos todos estar preparados a sabiendas que nuestras autoridades lo único que saben decir y pareciera que para ellos es mucho que reza algo así "estamos trabajando para solucionar el problema". Y de aquí salen otra serie de interrogantes y una de ellas es ¿será que están trabajando en el mismo problema que el país tiene? o ¿será problema familiar?.

Lo cierto es que no lo sabemos, pero yo sinceramente espero que algún día ya no digan eso de que están trabajando para solucionarlo, que nos digan mejor cifras de personas rescatadas, de personas atendidas y de personas que se les reconoce su invaluable trabajo, esas cosas sí que nos gustaría escuchar. Por otro lado el sistema de salud pública que especialmente se encuentra en decadencia por las mismas influencias políticas y esos hilos negros que entretejen esa corrupción que se está bordando al rededor de nuestra Guatemala, los empleados del ministerio de salud así como los del magisterio se encuentran en su mayoría en la calle de la amargura, porque no hay recursos y sin el presupuesto no se atiende y si se atiende se hace de mala gana con la esperanza de que lo que hay que hacer no sea mucho para no cansarse, en fin es todo un problema el que se tiene que arreglar y si nos ponemos a pensar de donde sale todo esto nos damos cuenta la pregunta que genera éste análisis no parece tan compleja.

Por otro lado y lo más agradable de estas dos semanas y de mi viaje fue que una tarde viendo como mi padre salía de casa en el carro se quedó viendo al cielo y me dijo "mirá el invierno ya se va, los azacuanes (asajuanes) ya están volando, la lluvia ya se quita". Son de esas cosas que de niño escuchaba decir a los adultos pero que no entendía, hoy lo entiendo mucho menos y es que si uno se pone a pensar cómo es que el vuelo de las aves marcan el fin de algo parecería para los escépticos algo de poco sentido común. Pero yo que lo veo y lo experimento lo hago como algo parecido a un acto de fé, el día que mi padre lo dijo la lluvia bajó considerablemente su intensidad, al día siguiente a eso de las 11 de la mañana nuevamente las aves en el cielo, pensé que nuevamente la lluvia se resistiría al mandato que hace el movimiento de las alas de las aves pero sucedió todo lo contrario la lluvia obedeció a la "pachamama" y se marchó o por lo menos en el transcurso del día la lluvia no regresó.

Me parece un suceso muy romántico y no por eso deja de ser valioso y significativo sino todo lo contrario, esa interacción entre los elementos de la naturaleza y su increíble sincronización hacen que todo aquello que viene de la sabiduría popular, de la observación natural y ancestral debe tener el respeto que se merece sea que lo compartimos o no, yo después de tener esta experiencia y la del curso estoy más convencido de que no podemos hacer a un lado a los terapeutas tradicionales y todas las costumbres que nos rodean, que la biomedicina no es la "única" que tiene la verdad y por ende debemos entender que vivimos en un mundo lleno de infinitas posibilidades y que de todas esas posibilidades es preciso respetar y valorar aquellas que dicen algo o nos hacen sentir algo y también tener mucho cuidado de la charlatanería que esa busca otra cosa menos ayudar a las personas.

Leyendo sobre los azacuanes encontré que no entodos lados representa lo mismo aquí en Guatemala, acá les dejo un significado de los azacuanes en Panajachel; http://panajachelenses.com/blog/2009/05/20/historia-los-azacuanes/

"Aquí por mi casa cuando se les ve volando en lo alto del cielo, las flores se abren, la gente sale a las banquetas a ver caer el sol, la caña florece y los niños vuelven a las calles de las que estuvieron ausentes por las lluvias, el anciano disfruta su amaca y los rayos de sol que filtra el balcón, yo sigo recordando las tardes de tierra en las manos y el diálogo de mi madre con la vecina agradeciendo el aleteo allá arriba."

1 comentario:

  1. Por: Maria Reneé Ortiz
    Me parece interesante esta reflexión, pues al leerla transmite mucha nostalgia y muchas dudas; cuando estaba leyendo sobre las aves en el cielo, de lo que marcan en cuanto al clima, de los niños jugando en la calles, de los ancianos en los parques, me recordé de mi niñez, cuando solía salir con mis vecinos a mojar mis pies a los charcos, cuando no me daba cuanta del daño que causaban las lluvias, cuando iba con mis abuelos a la finca a ver a los animales después de unos día de lluvia, y repito no me daba cuanta del daño que estas causaban; me parece que muchas cosas han cambiado, hoy sentada frente a mi computador me doy cuenta que todo el tiempo ha existido el sufrimientos por la pobreza y por la falta de voluntad política nuestro querido país esta como esta, y eso me causa una gran responsabilidad, pues no quisiera dejar mi país peor de cómo esta, quisiera dejar algo mejor, no importa si es grande o pequeño lo que importa es hacer algo que ayude a mejorar, no debemos ser macetas de corredor, estar de espectadores y no hacer nada mas que adornar.
    Estoy de acuerdo en lo que se menciona en la reflexión en cuando a que en un país como Guatemala no se puede dejar de lado toda la riqueza cultural que se tiene, es absurdo pensar que algunas creencias son menos importante que otras, pues cada cultura tiene su forma de concebir el mundo y debemos de aprender a respetarla, menciono esto pues dentro de la cultura indígena y no indígena existen los llamados “terapeutas tradicionales”, quienes a través de la tradición oral han aprendido a sobrellevar la vida, son ellos los que siguen curando enfermedades en aquellas comunidades en donde la pobreza es extrema, en donde el idioma es una barrera y en donde no llega ayuda por el poco interés de los que tiene la obligación de impulsar proyectos de desarrollo.
    En las líneas de esta reflexión recordé como en mi pueblo, San Juan Sacatepéquez, las personas han luchado para que se cumplan los servicios básicos de salud, hoy escuchando a un anciano del pueblo, el Licenciado Miguel Solís, señor reconocido a nivel guatemalteco, contaba como en 1946 un grupo de personas se reunieron para fundar el “Hospital del pueblo”, un lugar en donde pudieran ser atendidas todas aquellas personas de escasos recursos, contaba como empezaron a trabajar en las casas que prestaban un lugar, con mobiliario usado y regalado, y hoy 65 años después puede notar como el esfuerzo de muchos sanjuaneros dio sus frutos, pues cuentan con un hospital que tiene 12 cuartos, farmacia, rayos x, ultrasonido, dos salas de operaciones, todo con instalaciones modernas las cuales responden a los requisitos legales.
    Esto es lo que se necesita en Guatemala, voluntad para que todos sean atendidos, respeto para aceptar las distintas formas de curación, y sobre todo unión para que los médicos occidentales puedan encontrar un punto de unión con terapeutas tradicionales y buscar soluciones en conjunto para que todos reciban resultados positivos.

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